Relatos Breves

Hamacas

En el patio trasero de la casa hay un par de viejas hamacas. Mi madre dice que están allí desde que construyeron la casa, que el primer dueño las construyó para que jugaran sus hijos. Supongo que debe ser verdad. A ciencia cierta no sé de dónde mi madre sacó ese dato, pero las hamacas aparentan tener la edad de la casa: los asientos de madera están desgastados, las cadenas que las sostienen están totalmente cubiertas de un óxido que hacen recordar a un barco hundido en el fondo del mar.Más allá de las hamacas, detrás de la cerca que

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Brotes de belleza

Durante un día de sol tenue cierto camino polvoriento se perdía en el horizonte como una víbora contorneante. El camino en sí representaba la melancolía misma. Por él algunos mercaderes solían transitar llevando sedas y provisiones a la ciudad, pero muchos lo esquivaban por la gran cantidad de ladrones que lo frecuentaban en casi todo momento. Ese día por el camino un peregrino caminaba agobiado por el calor y el vendaval hacia la frontera. Su paso cansino hacía que la vida pareciera transcurrir con una lentitud extrema. Al llegar a una curva se detuvo, y en un pequeño santuario encontró

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Noche quieta

Apenas la noche ensombreció al día todo comenzó a cambiar. Ocurre con sigilo, como siempre. La noche está quieta, solía decirme Saori. Al principio no entendía aquello de la quietud, pero con el pasar del tiempo poco a poco fui entendiéndolo. La quietud lo era todo en aquel lugar. Reptaba sobre todas las cosas vivas y muertas, se compenetraba en ellas y así podía permanecer para siempre.Esa noche cuando la oscuridad nocturna reinó por doquier Saori y yo salimos a recorrer las calles de la ciudad, las cuales se mostraban como las venas de un bosque: frías, desoladas, con una

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La vida sin nosotros

Difícilmente el gorjeo de los pájaros no nos distraiga por las mañanas. Sabemos que sucederá y esperamos el momento mágico. Primero es uno el que sobrevuela la copa la frondosa y abandonada de la glicina del patio, luego es otro y más tarde muchos más. Cantan y juegan con revoloteos bruscos y dóciles a la vez. Suelo mirar a Blanca cuando ese magistral acto se está llevando a cabo. Ella, al igual que yo, también espera ese momento y queda atrapada en un bucle infinito manteniendo su mirada enclavada en aquellas avecillas diminutas que juegan a vivir en plenitud. Parece

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Los habitantes del silencio perpetuo

A menudo reflexiono y tiendo a mirar la nada. La mirada se vuelve  roma, el cuerpo casi etéreo. Solo me abstraigo y dejo que todo mi ser repose cual calma eterna. Estando en esas reflexiones, en ese trance casi perfecto, cierto día recordé el pasado, más precisamente a quienes lo habitaron, justo en aquel lugar. Los recuerdos vinieron al azar, imágenes mezcladas, vivas, ciertos fulgores que se agolparon con la calidez del atardecer. Esa sensación de encontrarme distante me abordó por completo. La liviandad de mi cuerpo se hizo notoria. Todo dentro de mi memoria se movía, se oía, inclusive

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Invisibilidad

El pintor posaba con cierta gracia el pincel sobre el papel. Había cierta maestría adquirida por los años en tal acción. Fuera, los jardines rebosan de flores y la impronta primaveral se hacía notar. Nada quedaba fuera de su alcance. Pero para él apenas era perceptible. Su pintura lo absorbía por completo, se presentaba ante sus ojos como el centro magnético de un poderoso pozo que lo engullía todo En ese momento su modelo era un manojo de rosas resecas que posaban sobre la mesa. La luz indirecta que se colaba por el ventanal le daba a cada pétalo marchito

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