Percepción

Una bandada de gorriones pasa rasante sobre nuestras cabezas. Giran y giran en el aire sin importarles nada. Es una clara expresividad de libertad. Los observamos con atención, nos distraen por un momento y creo que en el fondo anhelamos ser como ellos. Nos encontramos de pie, en una especie de claro, contemplando la infinitud del valle y la omnipresencia de dos cerros. El territorio parece extenderse hasta el infinito. Lo pienso así, no sé él. La mirada es abyecta, juega crudamente con los deseos y anhelos. Muchas cosas pasan por mi cabeza al contemplar esa fusión de tierra y cielo.

Mi compañero toma su cámara fotográfica y dispara unas cuantas tomas. Lo hace desde distintos ángulos. Juega con las tonalidades, la exposición, lo inquieto del sol. Mientras se mantiene en su afición habla de varias cosas. Muchas que no tienen sentido. A lo lejos observo cómo la bandada de gorriones sigue girando y alejándose hacia el medio del valle. Aquí sí que estamos bien situados, dice mi compañero. Asiento. Considero que sí, que lo estamos, que en cierto modo somos unos privilegiados al poder observar esas bellezas de la naturaleza. Hay cierto poder que emana del mundo que nos rodea, y en ese lugar del mundo es inevitable no sentirlo. Energía. Todo gira en torno a ella.

Sí, somos unos privilegiados, respondo. Él no se percata de mi respuesta, tan sólo sigue disparando fotografías con su cámara. La naturaleza está viva, sigo diciendo. Fíjate que se expresa siempre ante nuestros ojos. Está ahí, al alcance de nuestra vista, de nuestros sentidos, al igual que la energía, los movimientos y los comportamientos de las personas. Hay que saber captar… simplemente se trata de eso. Sin embargo, muchas personas no lo hacen, no captan la magnífica energía que nos rodea y tienden a sublimar todo, con el único objetivo de no sentirse menos que otros. Tu deberías entender más de esto que yo, le digo. Eres fotógrafo y te conectas con todo lo que te rodea. Todo esto en parte sucede con la mirada, lo sabes. Él asiente. Deja de tomar fotografías y se acerca a mi lado. Me mira por un instante como si escudriñara la ubicación de su respuesta en mi rostro. A veces dudo que captemos todo cual es, termina diciendo. Me planteo a mí mismo eso y por ello me respaldo en las fotografías. Tras revelarlas las miro una y otra vez. Observo cada detalle con minucia. Intento encontrar algo que me haya perdido al momento de sacarlas, de buscar la toma, de apretar el disparador. Y a veces lo logro. Créeme. Encuentro objetos, gestos, sombras y claros que mi ojo jamás se percató.

Todo se trata de percepción, le digo y nos mantenemos en silencio por un instante muy corto. El sol se va poniendo detrás de uno de los cerros y el valle va tomando cierta connotación en sus verdes. Las sombras comienzan a proyectarse desde otros ángulos y la vida parece iniciar ese inquieto remoloneo preparándose para recibir el atardecer y luego la noche. Creo que es como dices, responde. En cada toma lucho contra el sentido de lo real que suele embaucar al común de las personas. Intento ir más allá, hasta el fondo de la imagen. Siempre quiero que mi visión llegue a donde no llega la de los demás…

Finalmente observo a mi compañero guardar su cámara, su trípode, y el resto de sus trastos en la mochila. La jornada va llegando a su fin. La belleza del valle se va disolviendo frente a nuestros ojos lentamente. Coloco la palma de mi mano extendida a modo de visera y contemplo el baño anaranjado del sol sobre los cerros. Disfruto de ello y a la vez me pregunto por todos aquellos que jamás vivieron o viven un momento de regocijo tal en sus sentidos. Entiendo que somos muy capaces de obviar lo bello de esta vida, y eso me acongoja. Mi compañero pone una mano en mi hombro y contempla a mí lado la magnificencia de la naturaleza en silencio. Ahí, allá, por doquier, la naturaleza nos parece susurrar mil historias, y mostrarnos millones de imágenes entrelazadas para que nuestros sentidos se estremezcan y deleiten. Entonces entiendo –entendemos- que nuestro mundo personal desaparece completamente en ese instante y lo maravilloso de la vida que nos rodea toma posesión de nuestro ser y nuestra alma.

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